
El ascenso social en los barrios populares ya fue? Un informe reciente de Fundar y el CIAS, basado en entrevistas a jóvenes del AMBA, advierte que solo el 40% aún cree que el esfuerzo garantiza movilidad social. El 90% valora la educación, pero más del 50% no logra terminar la secundaria. Los relatos muestran una crisis profunda de sentido: el futuro ya no se construye, solo se sobrevive. El presente domina y la ilusión del progreso se diluye entre relatos de encierro, frustración y resistencia.
El ascenso social se desvanece
Durante décadas, la Argentina construyó un relato colectivo: quien estudiaba y trabajaba podía progresar. Esa idea, base del contrato social, hoy está quebrada para una porción creciente de jóvenes que viven en barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), evidenciando la difícil realidad del ascenso social en jóvenes de barrios populares.

Un nuevo informe realizado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y la organización Fundar —dos espacios de pensamiento que investigan políticas públicas y vulnerabilidad social— alerta que solo el 40% de los jóvenes aún cree en esa narrativa. El resto la abandonó o nunca la conoció.
“Ser alguien era estudiar, trabajar, formar una familia. Hoy esa idea ya no nos representa”, resume Lara, de 20 años.
Hogares que cuidan, pero no alcanzan
En los relatos recogidos, la figura de la madre aparece como sostén emocional, económica y simbólica. Pero las condiciones materiales de existencia son tan precarias que muchas familias se ven obligadas a construir «cápsulas de encierro» para proteger a sus hijos del afuera: del consumo, de la violencia, de la muerte temprana.
Ese cuidado muchas veces aísla y reproduce el miedo. En otros casos, directamente no hay contención ni referentes adultos presentes. Camila, de 21 años, lo explica así: “Mi mamá me cuidó todo lo que pudo, pero no alcanza cuando el barrio te come”.
La escuela dejó de ser una promesa
Aunque el 90% de los jóvenes valora la educación, más de la mitad no termina la secundaria. La escuela aparece como una institución debilitada, sin autoridad ni recursos, muchas veces atravesada por la misma violencia que se vive en las calles.
Delfina, de 19 años, cuenta: “A veces voy y no hay ni profesores ni compañeros”. El aula vacía refleja algo más profundo: la ruptura de una promesa que antes funcionaba como horizonte colectivo.
Como ya contamos en nuestra nota sobre el récord de pobreza en Argentina, la crisis social impacta especialmente en la adolescencia. La escuela pública ya no logra sostener ese lugar de ascenso social en jóvenes de barrios populares.
La esquina, el encierro y el club: únicos escenarios posibles
Los jóvenes entrevistados hablan de un mundo social acotado. Afuera del barrio, nada; adentro, la esquina como espacio de riesgo o el encierro como refugio. El club, cuando existe, se convierte en el único espacio de pertenencia y reconocimiento.
Brian, de 18 años, lo sintetiza así: “Cuando jugaba al fútbol no pensaba en la droga. Era el único lugar donde me decían que yo servía para algo”.
Este aislamiento, la ausencia de comunidad y la pérdida de vínculos no son hechos aislados. En Tercer Tiempo venimos siguiendo este fenómeno en profundidad a través de distintas entregas. En la más reciente, analizamos cómo la adolescencia y el crimen juvenil son reflejo de esa misma descomposición del tejido social. La serie busca, precisamente, iluminar estos puntos de ruptura.
Un presente sin promesas
La investigación del CIAS y Fundar identifica tres formas de pensar el futuro entre los jóvenes:
Algunos aún creen que estudiar o trabajar puede cambiar su destino. Otros aspiran apenas a “no caer preso”. Y muchos viven en un presente total, sin planes ni expectativas.
La ruptura no es solo económica. Es simbólica. Ya no hay una promesa colectiva que organice el sentido del esfuerzo ni del tiempo. La narrativa del ascenso social en jóvenes de barrios populares está rota.
¿Qué puede hacer el Estado?
El informe concluye que no alcanza con programas aislados o parches de emergencia. Hace falta reconstruir instituciones —la escuela, el club, el espacio público— pero también recuperar una narrativa común: una idea de país, de comunidad, de futuro posible.
Informe completo del estudio elaborado por Fundar y el CIAS. Hace falta reconstruir instituciones —la escuela, el club, el espacio público— pero también recuperar una narrativa común: una idea de país, de comunidad, de futuro posible que impulse el ascenso social en jóvenes de barrios populares.